
Tú cuerpo lleva tiempo diciéndotelo.
En la mandíbula que aprietas sin darte cuenta.
En los hombros que no terminan de bajar.
En el sueño que no descansa.
En la respiración que se queda corta cuando crees que estás tranquila.
No es que no estés escuchando. Eres lista.
Has probado de todo. El yoga, la terapia, los libros, los retiros, las apps de respiración, los suplementos, la mañana perfecta a las 6:00.
Cada cosa te ha servido un rato. Ninguna te ha cambiado del todo.
Empiezas a sospechar que el problema no es lo que te falta.
Que las herramientas que conoces te piden, todas, lo mismo: esforzarte un poco más.
Y aún así, igual sigues.
Vas al psicólogo por la ansiedad. Al dentista por la mandíbula. Al fisio por el cuello. A la app por el sueño.
Cada uno te arregla su pedazo y te manda a casa.
¿De verdad crees que son cuatro cosas?
Sabes lo que es el nervio vago. Has leído a van der Kolk. Tienes la app de respiración instalada.
Y sigues despertándote a las cinco con el cuerpo en alerta.
Una cosa es saberlo. Otra es haberlo aprendido.
Quizás no eres como te crees. Quizás llevas años practicándolo.
Dices EM:soy intensa, soy sensible, soy difícil, soy sin arreglo.
¿Y si tu carácter fuera, en realidad, lo que aprendiste a ser para sobrevivir?
Suma todo lo que has gastado intentando estar mejor. Terapia, retiros, cursos, suplementos, libros, fisios.
¿Sale mucho?
Y aún así, hoy, estás aquí leyendo esto.
No es que no hayas hecho suficiente. Es que todo te pedía lo mismo, aunque pareciera distinto. Que te esforzaras un poco más.
No es metáfora. Trapecio. Circo. Vine con 24 años a hacer la formación profesional, después de años de deporte serio.
Era la chica que lo hacía todo bien. Medía la comida. Entrenaba. Después de las clases iba al gimnasio. Los fines de semana, patinaje sobre hielo. En las vacaciones, formación de ashtanga. La cantidad de horas que entrenaba era casi una broma.
Y me lesionaba.
No grandes lesiones. Pequeñas, persistentes. Un esguince. Una muñeca inflamada. Una rodilla que no terminaba de curarse. Cosas que no me paraban del todo pero que tampoco me dejaban avanzar. Yo lo leía como un problema técnico.
Hasta que se me salió el hombro. Y empezó el confinamiento.
Por primera vez desde los 19, no podía entrenar. No podía huir hacia delante. No podía resolver con más esfuerzo.
Y empecé a leer.
Gabor Maté. Van der Kolk. Peter Levine. Toda la estantería del trauma y del sistema nervioso. Por primera vez vi mis lesiones, mi insomnio, mi vigilancia constante, no como problemas técnicos a resolver — sino como información que mi cuerpo llevaba años intentando darme.
Y empecé a probar todo lo que estaba a mi alcance. Empecé a estudiar psicología. Me formé en reflexología. Hice retiros, círculos, ceremonias de cacao, ayahuasca. Respiración holotrópica, frío, acupuntura, medicina china. Bailé. Fui a más terapia.
Yo también probé todo lo que estaba a mi alcance.
Y cada cosa me dio algo. Algunas me dieron mucho. Pero todas, sin excepción, compartían una forma de guiar:
Hasta que llegué a la formación de profesores de Feldenkrais.
No es relajación. No es estiramiento. No es terapia, aunque a veces sane. No es yoga, aunque a veces se le parezca por fuera.
Es una forma de aprender. Específicamente, una forma de aprender a través del cuerpo, en la que dejas de tratar a tu cuerpo como un proyecto que arreglar y empiezas a tratarlo como el lugar donde vives.
En la formación entendí algo que no podía haber entendido antes: que mis lesiones, mi tensión crónica, mi insomnio, mi vigilancia constante, todo lo que yo había leído como cosas que tenía que corregir — eran EM:estrategias inteligentes que mi sistema nervioso había aprendido en algún momento por buenas razones.
El trabajo no era hacer que dejaran de existir. El trabajo era enseñarle a mi sistema nervioso que ahora existían otras opciones.
Y eso cambió todo.
No es que me curé. No es que me convertí en alguien EM:impecable. Las cosas que me costaban no se volvieron fáciles de un día para otro.
Lo que pasó fue otra cosa, más rara y más importante.
Dejé de tratar mis particularidades como fallos.
Mis asimetrías. Mi forma extraña de moverme. La parte de mí que no encaja con el modelo perfecto de mujer/madre/profesional. La hipersensibilidad que durante años intenté domesticar. La impaciencia. El ritmo distinto.
Soy más auténtica que antes. Tengo límites mejores. Estoy menos asustada. No porque trabaje más en mí misma, sino porque dejé de trabajar EM:contra mí misma.
Mujeres que me llegaban excelentes. Competentes, responsables, leídas, terapizadas, conscientes. Que habían hecho el trabajo. Que se conocían. Que sabían demasiado sobre sí mismas.
Y que querían que las ayudara a ser EM:todavía mejores.
Y yo pensaba: tú no necesitas ser mejor. Tú necesitas descubrir lo que ya eres, debajo de todo el esforzarte.
Pero eso no se enseña en una sesión. Ni en un taller. Ni en un retiro de fin de semana.
Eso se aprende lentamente, con tu propio cuerpo, en tu propia casa, en tu propio tiempo. Volviendo cada semana sobre lo mismo desde un ángulo distinto. Acumulando experiencias somáticas hasta que tu sistema nervioso empieza, por sí mismo, a probar formas nuevas.
Por eso construí EM:Las Inéditas.
Un espacio en el que cada mes subo un módulo nuevo dedicado a un tema concreto. No clases sueltas para hacer cuando te acuerdas — módulos pensados como recorridos, con una secuencia, una lógica, un arco.
Algunos giran en torno al cuerpo: la columna, la mandíbula, los pies, la respiración, la pelvis. Otros giran en torno a la relación contigo misma: el descanso, la atención, el ritmo, los límites, la urgencia, el silencio.
No vas a aprender a relajarte. Vas a aprender a habitarte.
Y junto a la biblioteca, hay un espacio común. No es una red social. No es un grupo de WhatsApp ruidoso. Es un lugar donde puedes preguntar, compartir lo que vas descubriendo, contar lo que se te aparece — y yo lo leo. Yo lo respondo.
No están solas las Inéditas. Pero tampoco están en una multitud.
No es una prueba comercial. Es el tiempo exacto que necesitas para completar un módulo entero y saber, por experiencia y no por argumento, si este trabajo es para ti.
Si después de esos 15 días sientes que sí, te quedas. Si sientes que no, sales sin pagar nada y sin que tengas que explicarme nada.
Probablemente lo que tiene de distinto es que no te va a pedir esforzarte. La mayoría de prácticas que has hecho — incluso las más blandas — operan desde la lógica del rendimiento: hazlo bien, hazlo mejor, sé constante, mantén la disciplina.
Aquí trabajamos al revés. La práctica empieza el día que dejas de intentar hacerla bien. Y eso es algo que no se aprende leyendo sobre ello — se aprende moviéndose despacio, una y otra vez, hasta que el sistema nervioso lo entiende.
Lo sé. Por eso las lecciones están pensadas para hacerse en 30 minutos o menos, en casa, sin ropa especial, sin desplazamientos.
Y porque lo que se entrena aquí — sentir antes de actuar, parar antes de explotar, descansar sin culpa — es lo que te devuelve tiempo en el resto de tu vida. No es otra cosa que añadir a tu lista. Es lo que hace que tu lista deje de dirigirte.
Esto no es trabajo de trauma. Es educación somática.
El trauma puede aparecer si está, claro — el cuerpo guarda lo que guarda. Pero el foco no es ese. El foco es enseñarle a tu sistema nervioso que puede aprender estrategias nuevas. Y eso es útil tanto si has tenido una vida dura como si simplemente llevas años funcionando en un modo que ya no te sirve.
Bienvenida. Aquí tampoco somos del mundillo.
Las Inéditas no es un espacio espiritual, ni de retiro, ni de transformación dramática. Es un espacio para mujeres inteligentes, ocupadas, escépticas, que han llegado a un punto donde lo que saben ya no les sirve y quieren probar otra cosa — sin tener que disfrazarse de nada en el proceso.
Por eso los primeros 15 días son sin pagar. Si después de un módulo entero sientes que esto no es para ti, sales y no pagas. No tienes que justificarte, ni rellenar formularios, ni hablar conmigo.
Lo que sí te pediría: que no decidas por adelantado. Este trabajo es lento. Lo que se transforma no se transforma en una sesión. Date el módulo completo antes de saber.
Sí. De hecho, el método Feldenkrais nació trabajando con cuerpos que no podían lo que antes podían. La práctica se adapta a cualquier cuerpo, a cualquier nivel, a cualquier momento. No necesitas flexibilidad, fuerza, ni experiencia previa.
Pulsas el botón "Quiero entrar", aterrizas en la plataforma donde vive Las Inéditas, te creas tu cuenta y empiezas tus 15 días gratis. Sin instalar nada.
35 € al mes después de los primeros 15 días, que son gratis. Sin permanencia, sin contrato anual, sin letra pequeña.
Entras, tienes acceso completo a toda la biblioteca durante 15 días, y haces el módulo que quieras. A los 15 días, si no cancelas, se cobra el primer mes. Si cancelas antes, no se cobra nada.
Sí. Sin preguntas, sin formularios largos, sin tener que justificarte. Un email es suficiente.
En español. Hablado claro, con calma, sin jerga.
Grabadas. La idea es que las hagas a tu ritmo, en tu casa, cuando te vaya bien. La biblioteca crece cada mes con un módulo nuevo, y todo lo anterior sigue accesible.
Si has leído hasta aquí, algo en ti ya lo sabe.
No te voy a decir que EM:te apuntes rápido. No te voy a poner un contador. No te voy a hacer sentir que pierdes algo si no entras hoy.
Si esto es para ti, vas a saberlo sin que yo te lo diga.
Y si no — está bien también.
Masha